El domingo pasado, que fuimos mi madre y yo a el centro comercial, vi a un par de engendros; el niño tendrá como 3 o 4 años y la niña a lo mucho 6, que sin mayor reparo se levantaron a bailar en pleno comercio, en cuanto su mamá les dio un Ipod, el cual se notaba sabían usar bastante bien a pesar de ser tan pequeños, comenzaron a pelearse por los audifonos, la madre velozmente saco un aparatito que luego supe era una bocina.
Mientras los padres comían, los dos engendros bailaban y hacían como que estaban tocando algunos instrumentos y me sorprendió, que lo que estaban "tocando" y bailando era ¡Jazz! Sí, Jazz, en realidad no sé que melodía ni nada, pero en definitiva era Jazz, para cuando mi madre volvió del sanitario, y continuamos caminando, los "músicos" cambiaron de instrumentos en cuanto la pista cambio...
Esta escena fue motivante ese día y creo que para toda la semana, y me quede pensando que estos morritos, junto con los padres, bastante jóvenes por cierto, me dieron una gran clase de apreciación musical. Sí, en definitiva, la música se debe disfrutar y sentir, pero para ser buenos oyentes también hay que imitar, los niños lo hicieron de manera física, pero la mayoría de la gente hace esta imitación, de manera mental o algunos ya muy arriesgadas tararerán, es decir la melodía se nos graba y dentro de nuestra inconsciencia o consciencia la imitamos, por que ya pasó por una reconstrucción mental. Esta reconstrucción, lo que hace es impulsar y hacer que ese conocimiento sea haga algo conductual, es decir, instintivamente buscamos información o la pieza misma que nos gustó. Como la niña que comenzó a buscar en la bolsa de su mamá el Ipod porque para ella, su madre, la bolsa y el Ipod son sus fuentes de información, para los adultos ya hay más como el Internet, las tiendas de discos, libros, amigos, etc., etc.
Pero antes de comenzar la búsqueda, definimos eso que escuchamos para volverlo algo concreto. Por ejemplo el chavito hizo un ademán de percusión moviendo sus manos y su cabeza, cosa que la hermanita entendió, ¡pidió permiso a su madre! y comenzó a buscar en la bolsa, es decir el niño definió una canción por el ritmo, creó una analogía y el juego fue una metáfora. Pero los mayores, normalmente definimos lingüísticamente, y algunos buscan esas mismas metáforas y/o analogías por medio del lenguaje.

Por otro lado si no compartimos la música y nuestras propias definiciones al parecer el proceso de apreciación no está completo. Por eso el niño buscó cómplice y habló el mismo idioma que su interlocutora. Cosa que los mayores hacemos. buscamos con quien compartir nuestra experiencia musical; con quien poder disfrutar plenamente esas sensaciones.
La música al ser un arte metafísico, ayudó a los niños a alejarse del entorno, para crearles una realidad más amable. Ellos tienen tan bien entendido el concepto de arte que lo usaron a su conveniencia, se alejaron de su "Yo ordinario" para volverse "músicos" y buscar la manera de volver a su Momento estético, es decir a ese fugaz momento atemporal, en el que escucharon esa melodía y se unieron a ella.
¿Por qué los mayores no hacemos esas espontáneas regresiones?
Los niños me enseñaron todo esto que les acabo de comentar, pero por otro lado los papás también me enseñaron algo, como ser buenos cómplices, como la madre moderadora del pleito por los audífonos el cual solucionó con una bocinita y lejos de coartar lo que los niños querían, les ayudó, claro, con la regla tan universal de la mano sostenida en el aire, e indicando hacia abajo, que indica que deben mantener el volumen bajo. Y cuando "los músicos" comenzaron a tocar su "trompeta y guitarra", durante un momento el papá se les unió en la "batería". El alboroto normal ante un juego infantil y bastante divertido para ellos, no pasó de risas y de bailar en un espacio que no pasaba de 1/2 metro de la mesa de los padres, en resumen: diversión y disciplina sí se llevan.
No es connivenciar, es moderar y sacar el mejor provecho de las cosas. En fin, yo mejor sigo jugando a escucha música ¿Y ustedes?


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