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Alegato sobre mi ausencia

Si ya se que ya pasaron dos semanas y nada de nuevo, que no contesto mails, ni entro al messeger, ni respondo los mensajes, que repito, se van a mi buzón de gmail, de verdad, no estan escribiendo a lo pendejo, si leo los comentarios, de verdad, solo que no me he puesto a ver que fue lo que hice para que no se vean publicados.

Y bueno la ausencia obedece a que la semana pasada tuve mucho trabajo y tome un pequeño curso sobre el arte narrativo con el escritor Francisco López Sacha. Y los dias siguientes los he ocupado superándolo...

La neta, pero lo que se dice la neta, ha sido uno de los mejores maestros que me han tocado: Ordenado, Conciso, claro, dinámico, en fin de lo mejor. Y digo que lo estoy superando por que me encanto este hombre, independientemente de que esta galan el señor, (si en persona se ve mucho mejor) me quede clavada con su forma de de ser, y como excelente carta de presentación ademas de que sabe de lo que habla es que en realidad el quiso ser músico, pero pues por no se que cosas, se dedico a las artes y en particular a la literatura. Acá pueden checar su curriculum.

Es una biblioteca con patas y como todo buen genio, tiene un ego bastante alto, pero para nada es desagradable, al contrario es de los pocos que aparentan disfrutar el compartir lo que saben, y si no, pues hasta buen actor es.

Y aunque en realidad fue un curso bastante general, estoy abrumada por la cantidad de información que nos dio, pero bien sintetizada y ahora que estoy transcribiendo y completando mis apuntes, pues mis ratos libres los estoy dedicando a ello.

Para que se den una idea este caballero nos condenso la historia de la narrativa que es inmensa en 4 días por que el último día se dedico a hablar de las grandes obras de todos los tiempo, (la Ileada, la Odisea, el Quijote,la Biblia, Cien años de soledad y otros.) haciendo un perfecto recuento de todo lo que vimos en los días anteriores.

Por supuesto busque referencias del maestro en Internet y aunque no hay muchas cosas encontré un comentario sobre una presentación de uno de sus libros y el autor Manuel Vázquez lo define mejor que lo que yo podría hacerlo:

Francisco López Sacha es un narrador de oficio. De tanto oficio que, a veces, no se nota la pasión con que escribe. Conocedor de todos los artilugios construye sus cuentos a partir de una arquitectura inflexible. Todo elemento narrativo está calculado con la precisión del alarife que sabe de antemano en qué lugar se colocará cada ladrillo. No hay una pilastra débil, un arquitrabe deslucido, un frontispicio chapucero; sus cuentos son pequeñas catedrales.

Su imaginación, más realista que fantástica, va siempre embridada por la técnica que elige. No da lugar a desequilibrios. Los relatos fluyen con la mesura de lo sopesado con paciencia y pericia. Cada situación es recreada con minuciosidad pero sin traspasar esa delicada frontera con el regodeo innecesario. Contrario a Horacio Quiroga, que pedía del cuento rapidez y precisión; o de Jorge Luis Borges, que solicitaba un universo en dos cuartillas; o del Hemingway conciso de El Viejo y el Mar, Sacha elige una especie de adición detallada que dota al relato de una atmósfera, diríase, cinematográfica. Sus personajes, de una cercanía asombrosa a la realidad, se salvan de lo puramente testimonial por la capacidad fabuladora con que el creador los arropa y conduce por la trama.

Si algo distingue a Sacha del resto de los narradores de su generación -generación bastante homogénea tanto en lo temático como en lo formal y lo conceptual- es precisamente su formación exegética. Mientras algunos de sus contemporáneos parten de presupuestos puramente empíricos, él afinca su método creativo en un afilado pertrecho académico. No lo sorprenden los hallazgos ni lo traban los escollos; él no busca efectos, tiene almacenadas las causas -literarias- para provocarlos en el momento preciso. Desde la brevedad de Monterroso hasta la sublime exuberancia de Tolstoi; desde la simbologìa chejoviana- que también hubiera visto en la rotura de una taza de inodoro al tiempo que se derrumbaba el Muro de Berlín al mismo mierdal- hasta la crudeza descarnada de Vargas Llosa están en su alacena, y sabe cómo usarlos sin correr el riesgo de la improvisación, pero sin saborear el peligro -delicioso- de lo inusitado.

Francisco López Sacha ha recorrido un largo camino por los parajes de la literatura cubana. Más de diez libros -novelas, cuentos, ensayos, antologías- conforman su obra hasta la actualidad. Mas, si tuviera yo, si me viera obligado, y no sé qué o quién pudiera obligarme a ello, a seleccionar para una antología algunos de los textos de Sacha, no dudaría en incluir tres -lo cual es una cifra astronómica para cualquier escritor: Figuras en el lienzo, Escuchando a Little Richard y Dorado Mundo. Pero no me crea nadie, por ello, supraexigente, ni dejado arrastrar por el gusto -que ya se sabe no es una categoría estética, aunque el gusto sea el resultado del conocimiento- y mucho menos tendencioso en cuanto a factores extraliterarios; nada de eso. Lo haría por la excelencia, por el virtuosismo, por la eficacia de los cuentos como cuentos en sí.


Y esto lo pueden comprobar leyendo "Escuchando a Little Richard" en donde demuestra con creces su gran pasión por la música.

Y si encuentro algo más prometo anexarlo a este post.

Así que como verán he estado aprovechando bastante bien el tiempo. Y continuo haciendo lo que mejor se hacer, aprender.

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