No he tenido tiempo de ejercer la literatura.
Pero he dedicado todas las horas posibles para amarla
Pero he dedicado todas las horas posibles para amarla
Uno de los escritores que más leo y cada vez me gustan más...
"La pesadilla hace presa generalmente en las personas que duermen bocarriba. Y comienza con sueños horrorosos, seguidos inmediatamente por una respiración difícil, una opresión violenta sobre el pecho y la ausencia total de los movimientos voluntarios. Atrapadas en el sufrimiento, suspiran, gruñen y emiten sonidos indistintos... Las personas dormidas bajo la mandíbula de la muerte. Hasta el momento en que valiéndose de sus propios esfuerzos, o ayudados por el prójimo más próximo logran escapar de su terrible estado de inercia. En el momento en que logran sacudir un tal estado de opresión y pueden mover los miembros de su cuerpo, las personas atacadas por el peso, esto es, el pesar de la pesadilla en el sueño, despiertan a la mitad de una angustia muy grande. Y son victimas otra vez de palpitaciones y de lánguidos malestares...
"Todos estos síntomas desaparecen poco a poco, por fortuna. Y resultan sustituidos uno tras otro por el sentimiento placentero que proporciona la idea de haber escapado de un peligro grande."
(Acabo de traducir, con toda libertad, un texto de James Bond. Ese médico ingles que publicó un Ensayo acerca de los íncubos que intervienen las pesadillas, en 1753)
Confieso que he tomado la cita acabada de citar, de un libro de Ernest Jones. El más distinguido de todos los discípulos ingleses de Sigmund Freud. Y su biógrafo, además.
Como yo sufro pesadillas frecuentes, nada me pareció más honrado que referirles la última que he tenido. Esto es, la lectura del libro que Ernest Jones ha escrito acerca de los sueños diabólicos.
pero creo ya estoy curado de espantos. Y en medio sueño paralizante que me impide mover los miembros del cuerpo, me invento unas alas para elevarme en espíritu por sobre la pesadilla del mundo.
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"Voy a meterme al disco y voy a matar al lobo para que no se coma al pajarito y al pato" ¿Y como vas a meterte al disco? "Le hago una puerta y le disparo y lo tumbo"
Todos los abuelos tontos contamos anécdotas de nietos inteligentes. En esta debilidad cayo incluso Victor Hugo, a quien un español muy letrado admiraba diciendo: "Este Victarugo es genial" Como todos ustedes recuerdan el autor de Los Miserables y de La Leyenda de los siglos, escribió tambien El arte de ser abuelo. Muy dificil de aprender, por cierto. Porque ¿quién puede jactarse de enseñarle a un niño el oficio de hombre?
Ser padre es muy fácil y todos ustedes se saben la receta. Pero ser un abuelo es otra cosa...
Hoy lleve a José María, que tiene tres años y medio, por primera vez a mi seminario de creación literaria en la UNAM. Ya de vuelta, y oyendo una vez más Pedro y el lobo, interrumpió la audición para meterse en el disco y matar a la bestia maligna, anticipándose al héroe.
No cuento el hecho que acaba de ocurrir en plan de abuelo. Simplemente planteo de nuevo la pregunta de Balsac ¿Por qué si los niños son tan inteligentes los hombres somos tan tontos?
Y me pregunto ahora yo mismo: ¿qué hacer para salvar la inteligencia de nuestros nietos? Sus padres, sus maestros y yo, volvemos a maleducarlos para que limiten sus posibilidades de ser mejores dentro del molde estrecho de una moral maniquea. Esa que continuamente sostiene, para desgaste del ser, la lucha entre el bien y el mal. El juego engañador de la luz y las tinieblas...
Pedro y Caperucita contra el lobo, que dichosamente sale perdiendo...¿No es hora de inventar otro cuento de abuelos?
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¿Qué es la vida? Y el hombre arrojó la Esfinge como un signo de interrogación ene l desierto.
He vuelto a ver, al volver las paginas de un libro (todo libro es giratorio), el rostro de la Esfinge. Esa eternidad atacada por miles de millones de instantes cristalinos, esos granos de arena que integran y desintegran el tiempo. Y otra vez me pregunto: ¿qué significa la Esfinge?
Evidentemente es una pregunta. pero también es una respuesta, desmesurada como todas las que el hombre ha dado al enigma. Desde un principio quisimos adivinar la adivinanza total, en vez de comprendernos uno a otro con recursos sencillos. En vez de preguntarnos qué es la vida deberíamos averiguar en qué consiste la tuya y la mia. "Eres mi vida", dice el enamorado a su amante (Y ella pone, como es natural, una cara de Esfinge. Por que no sabe en que consiste nuestra vida y nos contesta a su vez con otra pregunta. O se queda callada, por que tampoco sabe quién es. Así comenzó, mediante un simple juego de palabras y de preguntas sin respuesta, la comedia de las equivocaciones.)
No nos entendemos por que extraviamos desde un principio el verbo original en un desierto laberinto de conjugaciones irregulares. En lugar de ser y estar en este mundo, nos preguntamos quiénes somo y qué estamos haciendo. Y en vez de vivirla, nos la echamos a perder tratando de saberla. Cuando es tan fácil dejar que ella nos la vaya diciendo, cada día, como amante bienamada. Sí esta aquí con nosotros, para qué preguntarle de dónde viene y a dónde va. Si lo hacemos, nos responderá como todas: con cara de Esfinge. Y si la vida y la mujer nos abandonan por hacerles preguntas indiscretas, ya no nos queda más que el consuelo de un espejismo de mentiras. Mientras alzamos otra vez como náufragos una Esfinge de interrogación en el desierto. Como sobre una hoja de papel.
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El gran rinoceronte se detiene. Alza la cabeza. Recula un poco. Gira en redondo y dispara su pieza de artillería. Embiste como ariete, con un solo cuerno de toro blindado, embravecido y cegado, en arranque total de filósofo positivista. Nunca da en el blanco, pero queda siempre satisfecho de su fuerza. Abre luego sus válvulas de escape y bufa a todo vapor.
(Cargados con armadura excesiva, los rinocerontes en celo se entregan en el claro del bosque a un torneo desprovisto de gracia y destreza, en el que sólo cuenta la calidad medieval del encontronazo.)
Ya en cautiverio, el rinoceronte es una bestia melancólica y oxidada. Su cuerpo de muchas piezas ha sido armado en los derrumbaderos de la prehistoria, con láminas de cuero troqueladas bajo la presión de los niveles geológicos. Pero en un momento especial de la mañana, el rinoceronte nos sorprende: de sus ijares enjutos y resecos, como agua que sale de la hendidura rocosa, brota el gran órgano de vida torrencial y potente, repitiendo en la punta los motivos cornudos de la cabeza animal, con variaciones de orquídea, de azagaya y alabarda.
Hagamos entonces homenaje a la bestia endurecida y abstrusa, porque ha dado lugar a una leyenda hermosa. Aunque parezca imposible, este atleta rudimentario es el padre espiritual de la criatura poética que desarrolla, en los tapices de la Dama, el tema del Unicornio caballeroso y galante.
Vencido por una virgen prudente, el rinoceronte carnal se transfigura, abandona su empuje y se agacela, se acierva y se arrodilla. Y el cuerno obtuso de agresión masculina se vuelve ante la doncella una esbelta endecha de marfil.
"Todos estos síntomas desaparecen poco a poco, por fortuna. Y resultan sustituidos uno tras otro por el sentimiento placentero que proporciona la idea de haber escapado de un peligro grande."
(Acabo de traducir, con toda libertad, un texto de James Bond. Ese médico ingles que publicó un Ensayo acerca de los íncubos que intervienen las pesadillas, en 1753)
Confieso que he tomado la cita acabada de citar, de un libro de Ernest Jones. El más distinguido de todos los discípulos ingleses de Sigmund Freud. Y su biógrafo, además.
Como yo sufro pesadillas frecuentes, nada me pareció más honrado que referirles la última que he tenido. Esto es, la lectura del libro que Ernest Jones ha escrito acerca de los sueños diabólicos.
pero creo ya estoy curado de espantos. Y en medio sueño paralizante que me impide mover los miembros del cuerpo, me invento unas alas para elevarme en espíritu por sobre la pesadilla del mundo.
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Yo no quiero que en ningún lugar del mundo los hombres rompan frentes por más pardas que sean. Lo que me gusta es que una frente ceda, combatida desde adentro. Y que sea ganada para luche a favor de la nueva humanidad
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"Voy a meterme al disco y voy a matar al lobo para que no se coma al pajarito y al pato" ¿Y como vas a meterte al disco? "Le hago una puerta y le disparo y lo tumbo"
Todos los abuelos tontos contamos anécdotas de nietos inteligentes. En esta debilidad cayo incluso Victor Hugo, a quien un español muy letrado admiraba diciendo: "Este Victarugo es genial" Como todos ustedes recuerdan el autor de Los Miserables y de La Leyenda de los siglos, escribió tambien El arte de ser abuelo. Muy dificil de aprender, por cierto. Porque ¿quién puede jactarse de enseñarle a un niño el oficio de hombre?
Ser padre es muy fácil y todos ustedes se saben la receta. Pero ser un abuelo es otra cosa...
Hoy lleve a José María, que tiene tres años y medio, por primera vez a mi seminario de creación literaria en la UNAM. Ya de vuelta, y oyendo una vez más Pedro y el lobo, interrumpió la audición para meterse en el disco y matar a la bestia maligna, anticipándose al héroe.
No cuento el hecho que acaba de ocurrir en plan de abuelo. Simplemente planteo de nuevo la pregunta de Balsac ¿Por qué si los niños son tan inteligentes los hombres somos tan tontos?
Y me pregunto ahora yo mismo: ¿qué hacer para salvar la inteligencia de nuestros nietos? Sus padres, sus maestros y yo, volvemos a maleducarlos para que limiten sus posibilidades de ser mejores dentro del molde estrecho de una moral maniquea. Esa que continuamente sostiene, para desgaste del ser, la lucha entre el bien y el mal. El juego engañador de la luz y las tinieblas...
Pedro y Caperucita contra el lobo, que dichosamente sale perdiendo...¿No es hora de inventar otro cuento de abuelos?
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¿Qué es la vida? Y el hombre arrojó la Esfinge como un signo de interrogación ene l desierto.
He vuelto a ver, al volver las paginas de un libro (todo libro es giratorio), el rostro de la Esfinge. Esa eternidad atacada por miles de millones de instantes cristalinos, esos granos de arena que integran y desintegran el tiempo. Y otra vez me pregunto: ¿qué significa la Esfinge?
Evidentemente es una pregunta. pero también es una respuesta, desmesurada como todas las que el hombre ha dado al enigma. Desde un principio quisimos adivinar la adivinanza total, en vez de comprendernos uno a otro con recursos sencillos. En vez de preguntarnos qué es la vida deberíamos averiguar en qué consiste la tuya y la mia. "Eres mi vida", dice el enamorado a su amante (Y ella pone, como es natural, una cara de Esfinge. Por que no sabe en que consiste nuestra vida y nos contesta a su vez con otra pregunta. O se queda callada, por que tampoco sabe quién es. Así comenzó, mediante un simple juego de palabras y de preguntas sin respuesta, la comedia de las equivocaciones.)
No nos entendemos por que extraviamos desde un principio el verbo original en un desierto laberinto de conjugaciones irregulares. En lugar de ser y estar en este mundo, nos preguntamos quiénes somo y qué estamos haciendo. Y en vez de vivirla, nos la echamos a perder tratando de saberla. Cuando es tan fácil dejar que ella nos la vaya diciendo, cada día, como amante bienamada. Sí esta aquí con nosotros, para qué preguntarle de dónde viene y a dónde va. Si lo hacemos, nos responderá como todas: con cara de Esfinge. Y si la vida y la mujer nos abandonan por hacerles preguntas indiscretas, ya no nos queda más que el consuelo de un espejismo de mentiras. Mientras alzamos otra vez como náufragos una Esfinge de interrogación en el desierto. Como sobre una hoja de papel.
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El gran rinoceronte se detiene. Alza la cabeza. Recula un poco. Gira en redondo y dispara su pieza de artillería. Embiste como ariete, con un solo cuerno de toro blindado, embravecido y cegado, en arranque total de filósofo positivista. Nunca da en el blanco, pero queda siempre satisfecho de su fuerza. Abre luego sus válvulas de escape y bufa a todo vapor.
(Cargados con armadura excesiva, los rinocerontes en celo se entregan en el claro del bosque a un torneo desprovisto de gracia y destreza, en el que sólo cuenta la calidad medieval del encontronazo.)
Ya en cautiverio, el rinoceronte es una bestia melancólica y oxidada. Su cuerpo de muchas piezas ha sido armado en los derrumbaderos de la prehistoria, con láminas de cuero troqueladas bajo la presión de los niveles geológicos. Pero en un momento especial de la mañana, el rinoceronte nos sorprende: de sus ijares enjutos y resecos, como agua que sale de la hendidura rocosa, brota el gran órgano de vida torrencial y potente, repitiendo en la punta los motivos cornudos de la cabeza animal, con variaciones de orquídea, de azagaya y alabarda.
Hagamos entonces homenaje a la bestia endurecida y abstrusa, porque ha dado lugar a una leyenda hermosa. Aunque parezca imposible, este atleta rudimentario es el padre espiritual de la criatura poética que desarrolla, en los tapices de la Dama, el tema del Unicornio caballeroso y galante.
Vencido por una virgen prudente, el rinoceronte carnal se transfigura, abandona su empuje y se agacela, se acierva y se arrodilla. Y el cuerno obtuso de agresión masculina se vuelve ante la doncella una esbelta endecha de marfil.
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Cuento de horror
La mujer que amé se ha convertido en fantasma. Yo soy el lugar de sus apariciones.
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Señora ama de casa: convierta usted en fuerza motriz la vitalidad de sus niños. Ya tenemos a la venta el maravilloso Baby H.P., un aparato que está llamado a revolucionar la economía hogareña.
El Baby H.P. es una estructura de metal muy resistente y ligera que se adapta con perfección al delicado cuerpo infantil, mediante cómodos cinturones, pulseras, anillos y broches. Las ramificaciones de este esqueleto suplementario recogen cada uno de los movimientos del niño, haciéndolos converger en una botellita de Leyden que puede colocarse en la espalda o en el pecho, según necesidad. Una aguja indicadora señala el momento en que la botella está llena. Entonces usted, señora, debe desprenderla y enchufarla en un depósito especial, para que se descargue automáticamente. Este depósito puede colocarse en cualquier rincón de la casa, y representa una preciosa alcancía de electricidad disponible en todo momento para fines de alumbrado y calefacción, así como para impulsar alguno de los innumerables artefactos que invaden ahora los hogares.
De hoy en adelante usted verá con otros ojos el agobiante ajetreo de sus hijos. Y ni siquiera perderá la paciencia ante una rabieta convulsiva, pensando en que es una fuente generosa de energía. El pataleo de un niño de pecho durante las veinticuatro horas del día se transforma, gracias al Baby H.P., en unos inútiles segundos de tromba licuadora, o en quince minutos de música radiofónica.
Las familias numerosas pueden satisfacer todas sus demandas de electricidad instalando un Baby H.P. en cada uno de sus vástagos, y hasta realizar un pequeño y lucrativo negocio, trasmitiendo a los vecinos un poco de la energía sobrante. En los grandes edificios de departamentos pueden suplirse satisfactoriamente las fallas del servicio público, enlazando todos los depósitos familiares.
El Baby H.P. no causa ningún trastorno físico ni psíquico en los niños, porque no cohíbe ni trastorna sus movimientos. Por el contrario, algunos médicos opinan que contribuye al desarrollo armonioso de su cuerpo. Y por lo que toca a su espíritu, puede despertarse la ambición individual de las criaturas, otorgándoles pequeñas recompensas cuando sobrepasen sus récords habituales. Para este fin se recomiendan las golosinas azucaradas, que devuelven con creces su valor. Mientras más calorías se añadan a la dieta del niño, más kilovatios se economizan en el contador eléctrico.
Los niños deben tener puesto día y noche su lucrativo H.P. Es importante que lo lleven siempre a la escuela, para que no se pierdan las horas preciosas del recreo, de las que ellos vuelven con el acumulador rebosante de energía.
Los rumores acerca de que algunos niños mueren electrocutados por la corriente que ellos mismos generan son completamente irresponsables. Lo mismo debe decirse sobre el temor supersticioso de que las criaturas provistas de un Baby H.P. atraen rayos y centellas. Ningún accidente de esta naturaleza puede ocurrir, sobre todo si se siguen al pie de la letra las indicaciones contenidas en los folletos explicativos que se obsequian en cada aparato.
El Baby H.P. está disponible en las buenas tiendas en distintos tamaños, modelos y precios. Es un aparato moderno, durable y digno de confianza, y todas sus coyunturas son extensibles. Lleva la garantía de fabricación de la casa J. P. Mansfield & Sons, de Atlanta, Ill.


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