Esos ritmos con carácter, facciones, lenguaje y los cuerpos de su gente, música que es suma y resultado de influencias que manaron de muy distintos fontanares. Europeos y africanos en el origen, más tarde, asiáticos, norte y sudamericanos, incidieron en su devenir conformativo con mayor o menor profundidad.
La música cubana esta siempre en continuas mezclas, fusiones y transformaciones que van formando la tradición musical de la isla. Es tan peculiar su modo de festejar, cantar y bailar; de «hacer» música que inquieta, anima y hace que la vida fluya. Aun las combinaciones y recombinaciones de géneros y tendencias aun en la modernidad no pierden esos elementos melódicos, armónicos, rítmicos e instrumentales de procedencias y naturalezas disímiles pero que le han dado esa identidad tan peculiar.
Los primitivos habitantes de Cuba, a quienes llamaron indios los conquistadores hace más de quinientos años, no dejaron más que un grupo de palabras que fueron gradualmente integrándose al idioma español, la forma de algunas viviendas campesinas y el silencio. Ninguna otra huella quedó de los aborígenes, aunque hubo estudiosos que pretendieron en el siglo XIX y hasta inicios del XX demostrar el alcance de sus raíces en ciertas expresiones de la tradición sonora, pero esto era mas producto imaginativo con un desesperado afán de minimizar el aporte de la música negra, que trajeron los esclavos africanos a lo largo de décadas. Una soberanía nueva, mulata, se alzó en las montañas del oriente del país cuando promediaba el XIX.
Para las primeras décadas del XX este mulataje comenzó a «bajar de la loma y a cantar en el llano», es decir poco a poco la música campesina y mulata se escuchaba ya en los ámbitos mas urbanos hasta que en La Habana, hacia 1918, se registraron las primeras grabaciones de formales de estos ritmos pero en particular del son.
La Perla del Caribe en aquellos principios de siglo estaba dividida en lo musical ya que en el campo, la tradición negra era la que alegraba los campos por las tardes y la influencia de Europa marcaba la pauta junto con los nuevos tranvías y los coches invadían las avenidas citadinas. La fonografia hizo que todos los ritmos de múltiples influencias comenzaran a viajas mas allá de la isla y enriquecía el conocimiento de la música europea con sus arias, operas y música de salón, toda esta mezcla hizo un estilo rico y perfectamente compatible con las reglas europeas.
Uno de estos ejemplos es el legendario Trio Matamoros fundado en 1925 y fue de los primeros que grabaron todo este mulataje del lenguaje musical. Dos guitarras y maracas servían para que Miguel Matamoros impusiera el bolero son en el gusto popular. Pero mejor escúchenlo y disfrútenlo.
Agradezco la colaboración del Ing. Jorge Omar Maldonado González.
La música cubana esta siempre en continuas mezclas, fusiones y transformaciones que van formando la tradición musical de la isla. Es tan peculiar su modo de festejar, cantar y bailar; de «hacer» música que inquieta, anima y hace que la vida fluya. Aun las combinaciones y recombinaciones de géneros y tendencias aun en la modernidad no pierden esos elementos melódicos, armónicos, rítmicos e instrumentales de procedencias y naturalezas disímiles pero que le han dado esa identidad tan peculiar.
Los primitivos habitantes de Cuba, a quienes llamaron indios los conquistadores hace más de quinientos años, no dejaron más que un grupo de palabras que fueron gradualmente integrándose al idioma español, la forma de algunas viviendas campesinas y el silencio. Ninguna otra huella quedó de los aborígenes, aunque hubo estudiosos que pretendieron en el siglo XIX y hasta inicios del XX demostrar el alcance de sus raíces en ciertas expresiones de la tradición sonora, pero esto era mas producto imaginativo con un desesperado afán de minimizar el aporte de la música negra, que trajeron los esclavos africanos a lo largo de décadas. Una soberanía nueva, mulata, se alzó en las montañas del oriente del país cuando promediaba el XIX.
Para las primeras décadas del XX este mulataje comenzó a «bajar de la loma y a cantar en el llano», es decir poco a poco la música campesina y mulata se escuchaba ya en los ámbitos mas urbanos hasta que en La Habana, hacia 1918, se registraron las primeras grabaciones de formales de estos ritmos pero en particular del son.
La Perla del Caribe en aquellos principios de siglo estaba dividida en lo musical ya que en el campo, la tradición negra era la que alegraba los campos por las tardes y la influencia de Europa marcaba la pauta junto con los nuevos tranvías y los coches invadían las avenidas citadinas. La fonografia hizo que todos los ritmos de múltiples influencias comenzaran a viajas mas allá de la isla y enriquecía el conocimiento de la música europea con sus arias, operas y música de salón, toda esta mezcla hizo un estilo rico y perfectamente compatible con las reglas europeas.
Uno de estos ejemplos es el legendario Trio Matamoros fundado en 1925 y fue de los primeros que grabaron todo este mulataje del lenguaje musical. Dos guitarras y maracas servían para que Miguel Matamoros impusiera el bolero son en el gusto popular. Pero mejor escúchenlo y disfrútenlo.


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