[...] la escritura no puede ser. El hombre no puede crear. Si lo intenta caerá abatido por la ironía de la divinidad o, bien, será destruido por su propia creación. Este impedimento de la obra literaria diferencia a un escritor verdadero del charlatán que engaña al lector desprevenido con meros trucos de ilusionismo verbal. Además, si el texto indaga o muestra el infierno interior, las revelaciones del alma y los tormentos del espíritu, no olvidemos que "todas las expediciones hombre adentro acaban siempre en superficial y vana palabrería".
Juan Jose Arreola.


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