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Y mi vida comenzó

—Esto pasó en septiembre. No en el septiembre de este año
sino en el del año pasado. ¿O fue el antepasado, Melitón?
—No, fue el pasado.
— Sí, si yo me acordaba bien. Fue en septiembre del año
pasado, por el día veintiuno. Óyeme, Melitón,¿no fue el
veintiuno de septiembre el mero día del temblor?
—Fue un poco antes. Tengo entendido que fue por el dieciocho.
—Tienes razón. Yo por esos días andaba en Tuzcacuexco.
Hasta vi cuando se derrumbaban las casas como si estuvieran
echas de melcocha; nomás se retorcían así, haciendo muecas
y se venían las paredes enteras contra el suelo. Y la gente
salía de los escombros toda aterrorizada corriendo derecho
a la iglesia dando de gritos. Pero espérense. Oye, Melitón,
se me hace como que en Tuzcacuexco no existe ninguna iglesia.
¿Tú no te acuerdas?

El día del Derrumbe. Juan Rulfo


creyendo que iba ser un día normal, donde iba a ir al kinder y en la tarde ya tenia planeado como molestar a Marco Antonio, mientras dormía y ronroneaba abajo de la cama de su dueña, era interesante planear diario una nueva estrategia para asustarlo, aunque el me pagara con un arañazo en la cara y los regaños de mi mamá por molestar al pobre gato.

Pero era muy temprano, y mi mamá ya había bajado, volví a cerrar los ojos y quede dormida, no se si por segundos o si la manecilla grande y la chica se detuvieron. Mi cama comenzó a sacudirse y las cosas que estaba en las repisas comenzaron a caerme encima. Todo estaba temblando y millones de gritos y un estruendo estaban detrás de la puerta, se unió a esa espantosa sinfonía de ruidos mi grito, no llamaba a mi madre solo gritaba esperando que eso calmara ese horrible sacudir del mundo, el mismo movimiento me tiro al suelo y me quede debajo del catre. Me acurruque lo más que pude hasta que la espalda me dolió, pero el movimiento no me dejaba quedarme en una posición, el temblor de pronto cambio y era aun más fuerte, de nuevo comencé a gritar, tome lo primero que se me cruzo en la mano y ahora si quería a mi mamá y a Nora, eran las únicas imagenes que tenia en la mente, mi mamá...

El temblor fue eterno, aunque años después supe que fueron dos minutos, pero dos minutos donde estuve sola viendo como las cuatro paredes de un cuarto de azotea me escupían cosas y las regaban por el suelo. Pero estaba tan concentrada en ver a mi mamá y a Nora en mi mente y apretujando a mi chango, el cual a su vez estrechaba su platanito de tela, que no sentí en que momento el piso dejo de moverse. De pronto el profundo sonido del vació lleno el aire, el más aterrante silencio que he vivido, que se rompió por la voz de un hombre, llantos, rezos y a alguien gritando ¡esta la niña, ahí esta una niña!, más llantos y se abrió la puerta y apareció mi mamá.

No recuerdo nada más a partir de ese momento, como si ese abrazo me hubiera borrado la memoria de todo ese día, como si al por fin sentir a mi mamá cerca, el mundo hubiera desaparecido. De pronto al volver a la conciencia, ya era de noche y las cortinas de la cocina estaban corridas ¿o no estaban? era de noche y no había luz, mi madre me puso un plato y me dio leche, ¡Rice Crispies! Fui feliz, aunque la leche estaba al tiempo, tome la cuchara y mamá me acaricio la cabeza, termine mi cereal y al dejar la cuchara, como si algo se hubiera enojado por que deje la cuchara sobre la mesa, como un gran grito, de nuevo comenzó a moverse el piso, mi madre me abrazo y alguien la llamaba, yo quede con la cara hacia el vació y a lo lejos desde el departamento donde estábamos en el quinto piso si mal no recuerdo, mi vista se fijo en un edificio, el cual al los pocos segundos desapareció ante mi. Solo me abrace a mi mamá y de nuevo no recuerdo nada.

Tiempo después me entere que perdí casi dos días; todo el resto del 19 de septiembre y parte del 20, es decir mis recuerdos solo están en el terremoto y en la replica más fuerte, pero ¿que paso en esas 36 horas? No lo recuerdo, es más, los recuerdos más nítidos que tengo son el polvo, humo, gases y el olor al tercer día, al cual creo termine por acostumbrarme, y tan me acostumbre que aun ahora puedo oler la muerte y no me asquea. Mi madre me cuenta que después del terremoto me llevo a la escuela. pero se cancelaron las clases. Pasaron dos días y me dijo -vamos a ver si abrió la escuela, llévate a alguien y me lleve a Paty, mi muñeca de trapo con vestido azul igual al mio, cabello rosa y piernas largas. Mi muñeca y yo vestidas igual andábamos de la mano de mamá, llegamos a la escuela y nos quedamos, como un día normal, pero con muchos menos niños. La maestra estaba triste y algunos llevaban cubierta la boca. Nos dieron crayolas y comencé a dibujar un temblor...

De pronto se escucho un grito y mucha gente cerca de la puerta de la escuela, algo estaban sacando de una casa, pero la maestra nos metió de nuevo al salón a pesar que estábamos en recreo. Al poco rato llego mi mamá y teníamos que ir a comprar tortillas, de nuevo Paty y yo de mano de mamá, pero ahora en la fila de las tortillas. Mi mamá estaba distraída y aunque le dije que volteara no me hizo caso, no vio eso que sacaron, que luego sabría que le llaman cadáver, de una casa. Era mi primer encuentro con la muerte y entendí que era aquello que aromatizaba el aire, eso negro e inflado, olía a eso y pensé -posiblemente ya no huela a nada, ya se lo llevaron-

Esa semana vi edificios caídos, por alguna razón quería ver todo lo que pasaba a mi alrededor, y comencé a preguntarme por que tenia esa sensación, como si algo me faltara, aun la tengo, supongo son esas 36 horas que al parecer mamá también perdió, y me volví más curiosa, todo lo quería ver, quería saber que fue esa horrible música de ruidos y llantos, que fue lo que no vi, por que la gente esta triste, por que ese aroma, por que los edificios desaparecen de la nada, por que hay tanta gente y ambulancias en las calles, por que esta todo roto.

Creo desde ese día mi conciencia esta pendiente de todo pero de pronto se aleja, no recuerdo, se me pierden horas, a lo mejor el terremoto me dejo un vació y por ahí se me escapan algunos trozos de tiempo. A lo mejor el no haber visto lo que pasaba tras de la puerta, hizo que ahora quiera verlo todo, el no saber que sonidos golpearon mis oídos ese día, es que quiero escuchar de todo; quizá por que nadie escucho mi grito ahora quiero que todos me oigan; quizá porque durante esos dos minutos supe que es estar sola y encerrada, ahora amo la soledad por que es donde me encuentro conmigo y con los que amo y me volví claustrofóbica, pero no por miedo al encierro, si no el miedo a no ver lo que pasa...



Pero no solo fui yo, fue el DF completo el que recomenzó, el DF se refundo a partir del 20 de Septiembre; aunque se fue hacia dos caminos hacia el deseo y acción lenta a la prosperidad y en un solo sentido y a mucho mayor velocidad hacia la desconfianza y la decadencia, cosa que poco a poco se contagio a los otros 31 inocentes estados por medio de un invento estúpido que daba un poco de consuelo a las heridas profundas y que aun se embriagan de orgullo al decir que el mayor logro después del 85 es la consolidación de la comunidad imaginaria que toma el poder y liderazgo sin llegar a nada y que no aporta nada, solo momentos espontáneos de actividad disueltos por apatía, ese odioso imaginario nombrado Sociedad Civil... pamplinas...

Los que se dan cuenta de la mentira, se retiran de las protestas y se ponen a trabajar de verdad y cuando comienzan a lograr cosas como hizo mucha gente tras el terremoto como bien hicieron La Brigada de Rescate Topos de Tlatelolco.

La ingeniería y la arquitectura vieron su responsabilidad entre muchas lagrimas y cadáveres, si los edificios estaban mal hechos, con materiales y técnicas diferentes de los aprobados, nunca lo vamos a saber no se abrieron investigaciones, la naturaleza dispuso y los políticos podían salir mal librados -¿para que dar mas de que pensar al pueblo? Mejor que se preocupen por reconstruir el país, enterrar a sus muertos (de nuevo) y para eso necesitamos a los empresarios- lo que los políticos no pueden levantar los empresarios si.

Estos en su sed de renacer, se impulsaron tanto, salieron tan hacia adelante, que multiplicaron sus fortunas. Mientras los políticos, lamían los empeines de los empresarios y explotaban a los pobres dejándolos más pobres, al mismo tiempo que paradójicamente creaban trabajos y lo siguen haciendo, pero mientras sus fortunas aumenten, la gente los odiara, a pesar de que si no fuera por ellos, nadie tendría trabajo.

Por otro lado la radio renació de entre la basura que era, volviéndose de nuevo el gran medio de comunicación como dice el Prof. Francisco de Anda "La Radio, El Despertar del Gigante". La televisión se volvió los ojos del país y en un espacio ya no tan elitista, solo hasta diciembre del 85. Los Chilangos ya totalmente alejados del humanismo, necesitaron de un terremoto para volver a tener esa actitud.



Y yo aun siento esa ausencia, alguien me dijo que el terremoto le rompió la vida a todos los que lo sintieron, posiblemente... los optimistas se volvieron pesimistas y los pesimistas variaron de intensidad hasta llegar a la indiferencia, por lo que la historia y las platicas me han enseñado es que de si México estaba dañado social, económica y políticamente, el terremoto vino a derrumbar todo.

Igual y nuestro presente se dicto ese 19 de septiembre; tenemos miedo de que el país de nuevo tiemble, por eso mejor nos vamos del otro lado; a lo mejor es tanto el miedo de que se rompan las paredes que el comercio se comenzó a dar en la calle, es tanto el miedo al silencio después del terremoto que la gente grita y evita de todas formas ese silencio, tal vez sea tanta la angustia de quedarnos enterrados en los escombros que insultamos y jalamos a los que ya se salvaron.

¿Como iba yo a saber que en el momento en que mi madre entro, ella venia ya de un nuevo México? Me dormí con el viejo país maltratado y desperté con el movimiento de un país yéndose al precipicio, tambaleándose entre tierra firme y el vació. Tantas historias que después de 22 años se han callado, pero dejando ver los muñones y cicatrices, pero me siguen intrigando metiéndome en un leves momentos de algo parecido al autismo, exactamente igual que la gente que caminaba u observaba algún edificio destruido. Esos momentos en que me deshago de la realidad creo son mi parte rota, pero cuando vuelvo mi conciencia y mis miedos están completos, vivos como en esos momentos que la tierra me sacudía y amenazaba con enterrarme viva en ese edificio de 13 pisos donde vivía, y aun sigo pensando si era el miedo a ser enterrada o no volver a ver a mis dos amores... un movimiento tan veloz, terrorífico y fugaz como el parto, por eso quizá ese 19 se septiembre del 85 comenzó en verdad mi vida.


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