A un año de su ausencia.
Uno debe estar dispuesto a la muerte para entregarse a la vida.
En realidad su aniversario ya fue, pero ando con tan pocas ganas de hacer ... algo... que se me paso hablarles del Rayo Macoy. Que lei por primera vez en la escuela, específicamente en la secundaria, en el libro "Atrapados en la escuela".Años despues leeria su más famoso cuento, el rayo Macoy. Muchos años después ya en Mérida tengo la oportunidad de conocerlo, compartir una mesa y un espacio con él escuchandolo tallerear y enseñandome claves invaluables para el arte de escribir, un hombre que de pronto se me hacia coqueto, pero su impresionante y amplio conocimiento, opacaban cualquier cosa.
Agradesco infinitimente el haber conocido a este caballero que siempre me regalo una enorme sonrisa, una caricia en el cabello y una frase contundente, como diciendo
- admirame, no vaya ser que no nos volvamos a ver-
Y asi fue; me dolió el no ir a una sesión de su taller, la que al parecer fue la última, pero bueno, creo que lo que me heredo es más importante; su tecnica, experiencia y sabiduría, que poco a poco ire aplicando.
Lo volvere aver es casi seguro, espero que para ese entonces ya pueda pedirle opinión sobre algun texto mio y comenzar una grata charla.
Nació en Tampico, Tamaulipas, en 1942. Profesor de literatura española y director de talleres literarios en México y otros países. Su obra es reconocida internacionalemente; se ha publicado en el extranjero y traducido a otros idiomas. Su incansable labor periodística y literaria le ha merecido una decena de premios nacionales e internacionales. Es miembro del Sistema Nacional de Creadores y directivo de la SOGEM.
Entre sus múltiples libros, destacan las novelas: La jaula de Dios (1989) y Con M de Marilyn (1997); entre sus libros de cuentos: El Rayo Macoy (1984), De tacones y gabardina (1996), Del trópico (2001) y Cuadrilátero (2002), y entre sus libros de crónicas y reportajes: Tauromagias (2001).
¿Por qué escribe?
La respuesta es muy sencilla: escribo porque no sé hacer otra cosa o no me importa hacer otra cosa. Una manera fácil de decir las cosas es que como no soy dueño de grandes propiedades, ni tengo un cargo público de importancia, ni tampoco soy directivo de una transnacional; y tampoco me interesa, por esa razón escribo. En realidad escribo por seguir tradiciones familiares, por búsquedas, por impulsos personales, por inconsecuencias, angustias, rabias y alegrías: todo eso se concentra en la literatura. Si no estoy escribiendo una novela me siento sumamente endeble, me siento expuesto a cualquier cosa, no tengo la fuerza interna de la vida --inclusive la cotidiana--; en cambio, cuando estoy escribiendo un libro me siento absolutamente protegido, me encuentro en un útero muy especial donde las agresiones del mundo no me tocan. Escribiendo es como me siento a gusto.
Maestro, ¿para quién escribe?
Podría contestar de una manera muy simplista: escribo para el que me lea; pero no es así en términos reales, escribo para una multitud
de personas (no deseo tener a un público específico), pero más que nada para satisfacer al exigente lector que soy yo, y después a todos los demás. Quiero que el público que lea mis libros sea tan extenso como la variedad de mi obra.
Para usted ¿escribir es una profesión, un oficio o una afición?
Sin duda para mí es una profesión: vivo de y para la literatura. No estoy las veinticuatro horas del día frente a la computadora, pero me dedico exclusivamente a la literatura. Por ejemplo cuando voy a un restaurant, escucho hablar a la gente e incorporo personajes a mi archivo mental, permanentemente hago lo mismo en otros lugares.
¿Cómo relaciona la escritura con la lectura?
Este punto es fundamental. A lo largo de varios países de América y también en España, he tenido la oportunidad de ser director de talleres literarios: he sido el analista, el conductor, el guía --en muchos casos-- de innumerables alumnos, todos de la lengua española. Eso lo señalo, pues lo que voy a comentar a continuación está avalado por una experiencia: gran parte de los jóvenes escritores no quieren leer; su posición me parece absolutamente falsa, completamente torpe... El buen escritor es el que muchísimos años de su vida se ha dedicado a leer. Esto señala que es más importante la lectura que la escritura. El lector es más universal y más fuerte que un escritor. Si no existe un lector, no hay un escritor, ni un país; tampoco una actitud crítica y contestataria. Si una persona no lee, es completamente aplastada por el manipuleo y el engaño.
Para escribir ¿tiene algún horario o rutina?
Si, yo soy un hombre de horarios, no me gusta hacer experimentos en mi forma de vida. Me levanto a las seis de la mañana todos los días, inclusive los domingos: trabajo entre diez y once horas diarias. Entre semana no tomo un solo trago, asisto solamente al cine, al teatro, pero no voy a fiestas. Evito las comidas con los amigos y trato de no salir de lunes a jueves. Soy un hombre muy casero, me gusta el trabajo y la disciplina.
Los sábados y los domingos también trabajo, pero menos que entre semana.
¿Hace manuscritos o trabaja en computadora?
Durante muchos años escribí directamente sobre la máquina; ahora lo hago en la computadora. Hago anotaciones en una libreta que va paralela; pero el cuerpo del texto lo manejo en computadora.
¿Cuándo y cómo escribió sus primeros textos?
Estudié la carrera de contador público, de allí pasé a ser contador de cuentos.
Había un profesor que daba una asignatura: técnica de la disertación. Este profesor preguntó si alguien podría escribir un cuento, a la siguiente sesión le llevé uno, para entonces ya escribía... Después me dijo: "Está muy bien, pero no creo que usted haya sido el autor". ¿Cómo que no fui autor de esto? A la siguiente sesión le llevé un nuevo cuento, y después otros más, entonces dijo: "Ya, ya, le creo...". Posteriormente él y otro grupo de amigos me ayudaron a que publicara mi primer libro a los veintidós años. Después otras personas más me dieron un impulso para seguir escribiendo, para leer, para entender mejor la literatura, pero el camino ya estaba trazado internamente.
¿Escribir es una forma de conocimiento?
Como no, siempre y cuando vaya acompañado de lecturas. Hay dos puntos a tratar: primero el escritor que lo hace como un desfogue, como una necesidad interna intuitiva y sensorial, el que escribe sus vivencias y sensaciones; pero hay otro, el escritor profesional --como es mi caso--, en que las vivencias personales no tienen mucho que ver con la literatura, apenas son detonadores o simples rayitas que no pintan mucho dentro del texto literario que se está escribiendo, pero para haber podido escribir esto, el escritor debe ser alguien absolutamente preparado en su oficio, debe saber de las ramas del arte en el mundo y de las ramas científicas, al menos psicología e historia. El escritor es la punta del iceberg de un gran conocimiento del ser y de la materia.
¿Cree en la inspiración?
Sí y no. Creo en la inspiración como producto del trabajo. El autor que se levanta como yo a las seis de la mañana y se sienta a escribir a las seis y media, hace que su creación vaya tomando cauce; después, al trabajar con gran intensidad parece que baja la inspiración. Los gitanos le dicen "bajó el faraón", los músicos de jazz le dicen: "el feeling"; los cantantes o los toreros dicen que es el sentimiento: eso es la inspiración; pero no existe y llega porque sí, llega porque uno la ha motivado, la ha estado invocando. El que se pone a leer; el músico que está tocando el piano y ha ejercitado y calentado sus dedos, que pone sus músculos en tensión... es capaz de crear y a eso se le llama inspiración.
¿Cómo resolvió sus problemas en la escritura?
Por fortuna en mi caso, yo fui primero un gran lector, antes que un escritor. Cuando empecé a escribir, tenía antes sin saberlo, una experiencia literaria que me permitía comparar mi trabajo con lo que había leído. Me di cuenta que me faltaban las herramientas necesarias de la escritura cuando me comparaba con grandes escritores, y aún me faltaba muchísimo camino por recorrer. Sólo después de un proceso de intensa lectura podría aplicar todos mis conocimientos de literatura en la escritura. De un gozador de la literatura pasé a ser un analizador. Desde joven comencé a conocer a escritores. Intenté inventar nuevas fórmulas en la escritura. Uno está permanentemente aprendiendo, permanentemente ejercitando...
Cuando está en el proceso de escribir, ¿le retroalimenta la lectura de otros autores?
Durante el proceso intenso de la elaboración de una novela (apenas terminé la última), no leí a escritores que pudieran ser similares porque temo a la contaminación. Aclaro que puedo tardar año y medio en escribir una novela, pero el proceso fuerte dura cinco o seis meses, me refiero a la parte más creativa: lo que está saliendo de golpe en ese momento En ese lapso leo poesía. Después de ese proceso intenso, leo, pero soy selectivo en mis lecturas. Sin embargo, eso no se lo recomiendo a un lector que empieza, pues debe ser desmedido en sus lecturas y leer a todos los clásicos del mundo (incluyo a Joyce, a Kafka, a Miller) para tener un basamento y luego despegarse. Ese nuevo lector debe ir de la mano de alguien que lo vaya guiando en ese mundo.
Una vez que su texto está terminado, ¿lo revisa?,
¿se lo da a leer a otros? ¿qué piensa de la autocorrección?
Mire, soy obsesivo de la autocorrección, lo mismo que soy metódico en mi vida. Corrijo mucho... recuerdo las palabras del maestro Jorge Luis Borges: "Yo publico para no seguir corrigiendo"; por supuesto que no tengo la estatura inmensa del maestro, pero intento hacer lo mismo. Seguramente volvería a corregir lo que he publicado... Corregí cincuenta y seis veces mi libro de cuentos que publicó Alfaguara y cuando miro algún fragmento de éste, considero que lo hubiera corregido más. Soy obsesivo en hacer bien las cosas.
Nos quisiera hablar libremente de su obra. ¿Cuáles son sus libros favoritos?
Es una pregunta muy difícil de contestar, pues cambia la manera de verlos a través del tiempo. Unos libros pueden tener mayor trascendencia, otros mayor importancia, otros más fama, otros más recuerdos... (Lo mismo sucede con los autores favoritos, van cambiando a lo largo de la vida). Tengo treinta y siete libros publicados hasta la fecha: cada uno me inspira un sentimiento distinto. Mis libros son una serie de escalones que tratan de llegar a algo que a lo mejor no alcanzo nunca: el libro perfecto.
Maestro, ¿le gustaría decir algo a los maestros y a los jóvenes?
Un mal maestro suele decirle a sus alumnos: "Ahora, como te has portado mal, te pones a leer"; ese maestro es tan estúpido que considera que la lectura es un castigo. Encontramos en ese caso que los valores están alterados.
Los grandes pilares de la lectura deben ser los maestros y los padres. El resultado en los alumnos --cuando los padres y maestros no tienen respeto por los libros-- es que los jóvenes no comprenden lo que leen, no son capaces de traducir las palabras en imágenes. La lectura no es solamente gozo, también es saber pensar. Y mientras no haya pensamiento, no hay nada; seguiremos siendo fanáticos del Big Brother, brincadores en el Ángel de la Independencia cuando gana un equipo; seguiremos sumidos en la manipulación. Cuando andamos detrás de la señora corredora, descuidamos un México de mil facetas que no está en las piernas o en los músculos de nadie. De esta manera seguiremos siendo esclavos de las grandes empresas transnacionales que hacen que solamente una élite --a partir de sus universidades privadas-- tenga el dinero para disfrutar al mundo mientras los demás somos maquiladores de la pobreza. Si un país no tiene resueltos sus problemas de enseñanza y de cultura, jamás avanzará. No cabe duda hay pocos libros y muchas televisiones.
Me importan los jóvenes de hoy: esos que no saben historia, que no han leído libros... Ese es un esquema de la destrucción de un pueblo. Yo quisiera hablar con cada uno de ellos y decirles que mientras no lean y estimulen su pensamiento y su imaginación, serán pedacitos de la nada metidos en un país de la nada.



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