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Hacia un radialista integral.


Pongo este escrito de José Ignacio López Vigil* en el que perfectamente explica lo que los que tenemos la fortuna de utilizar un micrófono, debemos ser. Pero lamentablemente en radio Diversidad, tengo a un necio coordinador que no ve lo que tiene enfrente, pero allá él, por lo menos se que dentro de Diversidad hay gente que quiere hacer bien las cosas y por ello comienzan a andar por el buen camino, que es el de el estudio, la disciplina y principalmente respeto y amor a la radio.


Los locutores de ahora sólo saben locutar. Primero, les quitaron la consola y los platos. El operador técnico maneja los equipos y ellos se sientan al otro lado del vidrio, con el micrófono y el bombillito de al aire. Después, quedaron separados de la producción. Los libretos los escriben otros, los cranean otros, y ellos sólo tienen que recibirlos y entonarlos. Más tarde, les quitaron también los discos. El programador musical se los entrega para que los locutores abran sus bocas y los presenten. A lo mejor, al final del proceso, les quitarán también el puesto, si el director encuentra una computadora que sepa anunciar los compactos y dar la hora sin equivocarse.


Un buen locutor no se conforma con serlo. De acuerdo, hay programas complicados, con muchos recursos, en que la división entre locutor y operador se justifica plenamente. Pero en otros, no. En muchos espacios musicales sencillos el locutor se estimularía manejando directamente los equipos. ¿Y los discos? Claro que hace falta un orden, un control de la discoteca. Pero es igualmente importante que el locutor participe en la selección musical. Con la planificación y los guiones del programa pasa otro tanto. Es necesario que el locutor se integre al equipo de producción, que no quede reducido a una máquina de palabras.**


Una cosa es la especialización y otra muy distinta la compartimentación. La primera genera riqueza, la segunda atrofia. En la primera, se gana profesionalismo. En la segunda, se pierde la visión de conjunto y, al final, resulta mediocre incluso el único trabajo que se sabe hacer. Un médico se especializa en el corazón después de conocer la medicina general. De igual manera, un locutor puede haber conseguido más destrezas en un campo o en otro, pero siempre se puede contar con él para…

+ Preparar libretos
+ Manejar la consola
+ Hacer entrevistas
+ Moderar debates
+ Conducir una revista
+ Actuar en radioteatros
+ Narrar cuentos
+ Redactar noticias
+ Animar festivales
+ Transmitir un partido
+ Grabar cuñas


… para participar en todos los formatos. Él conoce desde dentro cómo funciona una emisora y puede colaborar en todas sus áreas. Estamos ante un productor completo, una comunicadora de excelencia. Un radialista integral.


Integral e integrado en un equipo de trabajo. ¿De qué serviría un programa excelente si la programación en su totalidad flaquea? Una radio es como un cuerpo, como un organismo vivo que requiere alimentar todas sus células. Más adelante, trataremos de esta indispensable armonía. De momento, digamos que sus majestades, el locutor y la locutora, no tienen corona propia. La comparten con todos sus compañeros y compañeras que logran sacar adelante, día a día, los mil y un detalles que componen el quehacer radiofónico. Con un grupo de colegas que han aprendido a planificar, a producir, a evaluar, a capacitarse… y a divertirse juntos también. ¡Salud!





* Nacido en Cuba y vivido en varios países de América Latina, José Ignacio López Vigil ha pasado su vida entre cabinas y micrófonos. Fue sacerdote jesuita, estudió teología bíblica. Con su hermana, viajó en varias ocasiones a Palestina. Es un radialista apasionado que hace y enseña a hacer radio con tanto profesionalismo como buen humor. Actualmente, radica en Lima.


** Mariano Cebrián Herreros: Existen grandes creadores de música, de palabra, imitadores de sonido, actores de la radio. Son creadores de cada uno de los componentes de la radio considerados aisladamente. La radio exige un comunicador capaz de trabajar con todos los elementos y elaborar una obra válida y de calidad. No se trata de que exista un buen locutor, un buen especialista en creación de efectos, un escritor brillante, un compositor innovador. El comunicador de radio debe conocer el trabajo de todos y tener además la capacidad creativa, no mediante una suma de los valores de los demás, sino mediante una simbiosis y una originalidad personal. Es el hombre radiofónico. El hombre que se expresa con todos los recursos que componen el lenguaje radiofónico. Se requiere de un profesional que posea grandes dotes intelectuales, artísticas y creativas y que además domine la técnica, la expresividad, el ritmo y, en definitiva, la comunicación radiofónica en su totalidad

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