“Los críticos juzgan la obra y no saben que son juzgados por ella”
Jean Cocteau
Como algunos de ustedes sabrán, uno de mis planes para tiempos futuros es tal vez dedicarme a la crítica de arte, aunque me enfocaría más a lo musical ya que es un terreno en el que me muevo mejor y conozco más. Pero estoy consciente que para comenzar bien tengo que estar mucho más informada, con una idea clara de que es este oficio. Y por esta misma razón algunos amigos me comenzaron a mandar algunos textos sobre el tema y encontré ya algunos libros interesantes que quiero leer.
Entre los textos que me han enviado esta este de Josette Féral en el que se explica la función del crítico… pero es muy largo para ponerlo completo así que mejor les pongo algunos fragmentos que considero ilustrativos:
"Domingo 12 de julio de 1998. Francia y Brasil se enfrentan por la Copa Mundial de Fútbol. Contra todos los pronósticos, contra todos los críticos deportivos, por primera vez en su historia Francia gana el partido.
Pero apenas terminado el partido, las cadenas de televisión difunden la imagen de un colérico Aimé Jacquet, entrenador del equipo francés. Su cólera se desencadena contra los críticos, en particular contra los del diario L'Equipe, el cotidiano deportivo que leen todos los aficionados. Durante los dos años que duró el entrenamiento, los críticos deportivos no dejaron de cuestionar cada uno de sus actos. En resumen, para los críticos y los periodistas, en particular los del diario L'Equipe, Aimé Jacquet no tenía el nivel requerido. “Una pandilla de rufianes”, rugirá Jacquet la noche de la victoria, al referirse a los críticos. Algunos días después reiterará su opinión en términos igualmente fuertes: La Copa del Mundo “debe ser la recompensa para quienes han trabajado duro y no para quienes se aprovechan, esa gente que gravita alrededor del fútbol profesional y que va a seguir aprovechándose”
Por supuesto, “los que se aprovechan” son los críticos y los periodistas. Pero finalmente, el equipo de Francia ganó y esa victoria le dio la razón al entrenador, a su trabajo. Invalidó lo que pudieron pensar los críticos durante todos los entrenamientos preliminares y los primeros partidos. Los hizo callar. Final de esta historia.
Este pequeño desvío hacia el deporte nos presenta por el camino más corto y de manera muy diáfana las posiciones habituales de todo artista enfrentado a la crítica. El paralelo acerca el deporte al arte. Como ejemplo, la narración anterior es demasiado particular y no puede aplicarse al mundo de las artes.
Sabemos que en el mundo del arte eso nunca ocurre: un director de teatro nunca gana de manera tan espectacular. Incluso si el público ovaciona de pie y sale entusiasmado del espectáculo, el crítico no se emociona. Puede encontrar sospechosa esa adhesión sin reservas, ese alborozo popular y explicarlo. Eso no le impide pensar de otra manera. Un éxito popular no invalida nunca la crítica, y Aimé Jacquet, incluso ganador en la esfera artística, podría equivocarse. Por otra parte, un fracaso rotundo no impide un éxito de crítica. Después de todo, el público en general no suele conocer a los críticos... Por lo tanto, tenemos derecho a preguntarnos ¿cuál es el papel del crítico en la actualidad y qué papel puede desempeñar todavía?
En si esa es mi pregunta también, quiero hacerlo ¿pero para que? Sobretodo por que no es un terreno fácil, y como menciona Féral también en este texto que puede llegar a tocar fibras tan sensibles que puede resultar peligroso como le paso a “Robert Lévesque, periodista a cargo de la sección de teatro del diario Le Devoir sobre “Visite Libre”, de Michel Faure, un espectáculo presentado en el Théâtre de Quat'sous. Esta critica fue considerada tanto por el medio artistico como por el publico como violenta e injustificada. Boicotean al diario en base a la publicidad que este maneja, artistas y artesanos se unen con varios escritos denuncias y publicaciones. El publico con cartas de apoyo y hasta algunos periodistas aprovechan la ocasión para ajustar cuentas y la emprenden contra el medio teatral. Un escándalo en toda la extensión de la palabra. La inseguridad visceral de los artistas, contra el derecho del la gente a pedirles cuantas de los apoyos que se les dan. (Me suena familiar eso) Este debate alcanzo a todos los críticos y hasta una recibe por correo una muñeca vudú atravesada de agujas.”
Como bien sabemos “ El medio acepta a regañadientes que el crítico se arrogue el derecho no sólo de juzgar, sino de denunciar. En el fondo, alaba la crítica cuando es positiva; la tolera cuando es neutra y la rechaza fuertemente cuando es negativa.”
Aunque a mi modo de ver las cosas, la mejor manera de hacer un trabajo lo mas imparcial posible seria precisamente con información para poder analizar cada punto importante dentro el objeto a criticar. Teniendo bases tan coherentes y firmes como las que da la historia y el manejo de las huellas correspondientes a el ámbito cultural.
…“La práctica de la crítica, al igual que la práctica de la teoría son fundamentalmente tres modos de interpretación del mundo. El artista traduce en su arte su visión del mundo, el crítico traduce en palabras su visión del arte, y el teórico traduce en palabras su visión de la práctica. Si decimos que el arte es traducir las cosas estamos afirmando que toda forma de arte es crítica, que da que pensar. Esta era la opinión de Antoine Vitez cuando afirmaba que el director de teatro hacía ante todo trabajo de traducción... Y era también la visión de Aristóteles cuando afirmaba en “La Poética” que el poeta “traduce las cosas en palabras”.”
[...]
“La segunda forma de traducir la obra de arte es la de una mirada crítica más analítica y, por ende, necesariamente deformante. ¿Acaso podemos traducir sin traicionar?, se preguntan los especialistas de la traducción. El problema se plantea por fuerza en el ámbito de la crítica. Toda crítica es traición. Pero, ¿puede ser de otra forma? En el mundo de hoy, el crítico no se puede contentar con recibir la obra de manera inocente. Para darle sentido, la debe hacer funcionar en un todo más amplio: debe hacer referencia a la evolución general del artista, inscribirla en un movimiento estético, marcar su trayectoria en relación con las corrientes dominantes. Debe rescribir la obra a su forma pero mostrando su originalidad (o la ausencia de esta), haciéndola dialogar con las demás obras, volviéndola a situar en el desarrollo de la historia. Todo trabajo crítico que no lleve a cabo esa labor de construcción analítica y teórica se contenta con ser un reflejo bastante pálido de la realidad artística. No cumple con su función.”
Algo que muchas veces no se menciona es que los críticos son los que acomodan a los artistas en su categoría y en su corriente así que en cierto modo esta parte tan odiada del mundo artístico, es un pilar de la historia de las artes pero lamentablemente es un trabajo cruel pero dignificando, espero, mientras siempre estés del lado de los argumentos irrefutables y de la buena “comparación” por decirlo de alguna manera ya que básicamente eso es la critica, el comparar con otros y si no hay punto de comparación se comienza un labor de reconocimiento a las novedades que ese trabajo esta aportando.
En la esfera de las artes en general, los investigadores han realizado ese trabajo, aunque con plenas distinciones en cuanto al teatro la música y la danza. Los grandes críticos hacen un amplio trabajo de referencia y decodificación de las obras, que permite leer la historia del arte de su tiempo, al percibir las novedades y al analizar todas las prácticas de su época, integrándolas en la perspectiva más amplia de un arte en particular: teatro, artes plásticas, música, cine. Bernard Dort sigue siendo un modelo en su género: supo unir agudeza de análisis, conocimientos profundos sobre teatro y el deseo de pensar en función de la historia del arte y la escritura. Sus análisis críticos, publicados a la vez en periódicos y revistas especializadas, siguen siendo referencia obligada. Esta victoria de la crítica sobre el tiempo es el principal signo de su pertinencia.
De manera más modesta, otros críticos supieron dar, cada uno por su parte, un nombre a ciertas corrientes artísticas señalando ejes que fueron retomados después para diseñar el mapa de las artes de hoy. Ese trabajo de identificación permite ahora elaborar “un mapa” de la práctica de las artes en nuestros tiempos. Sin este trabajo, las artes seguiría siendo un mosaico donde la práctica de cada cual se “amontonarían” a la de otros sin el fomento adecuado y necesario en la que cada obra artística cobraría sentido dentro un conjunto más especifico. Posiblemente habría una especie de igualdad tanto técnica como estética, que en realidad seria una real catástrofe, ya que no habría evolución.
Por eso la responsabilidad de los críticos en realidad es la de inducir a la creación de conceptos nuevos, corrientes que permitirán que todos tengan puntos de referencia y calidad. Y con estas herramientas se continué escribiendo la historia de las artes.
De ello se desprende que para cumplir con esa trayectoria, las habilidades del crítico de hoy difieren necesariamente de las de antes. Requieren de un conocimiento teórico, estético y artístico importantes ¡Haaa pero claro! también es necesario que las aptitudes del crítico difieran de las que se le suelen pedir. Debe ser neutral y no obedecer a estimas ni conveniencias.
En realidad para dedicarse a esto hay que se un analista y tener conocimientos especializados de la materia que este manejando, tener una visión más amplia que la del artista, crearse un carácter propio, un estilo, debe poder elevarse por encima del ámbito cultural para poder analizarlo con la debida distancia.
El crítico vivo es aquel que ya ha encontrado por sí mismo lo que “podría ser”, o en casos raros lo que “debiera ser”.
Debe ser una persona libre de prejuicios, y sobretodo del principio básico de la duda hacia el trabajo que se le presenta, jamás dar algo por sentado.
La crítica erudita ha perdido su soberbia y se ha vuelto menos secreta; y por su parte, la crítica periodística aspira a ser menos superficial. Esa es la imagen del crítico que se pudiera desear. Pero creo aquí en Mérida y supongo en todo el país esto es una fantasía.
En el siglo XVIII un crítico era una persona de la que se esperaba una “iluminación” que formara una opinión documentada, analítica, informada. El critico era el primer filtro del espectáculo, ellos informaban al espectador, aclaraban la obra, situaba la obra según su desenvolvimiento, se le invitaba a escena o a las presentaciones, tomaban decisiones de estilo, o redacción; de armonía o de ritmo; de color y textura; intervenía en el desenvolvimiento de los actores, la escenografía, ¡en fin! En todo metían la nariz. Debían tener cordura y posibilidad para especificar, para nombrar las cosas. Designaban las obras que merecían atención. Pero su trabajo de análisis, comparación y de situar a la obra en un contexto histórico y estético más amplio, prácticamente era desconocido.
Solange Lévesque dice en especifico de una obra teatral: “recibir y analizar la obra teatral utilizándose a sí misma como primer instrumento, y dejándose vibrar de la manera más justa posible”. La expresión parece bastante atinada según la opinión más extendida. La autora subraya el principal peligro de la crítica (y también su grandeza): hacer que este sujeta de la personalidad del crítico.
Cuando un crítico trabaja de esa manera su legado es limitado. El impacto que pudiera tener solo será momentáneo, esa clase de críticos solo están para manifestar su agrado o su desagrado, sólo son útiles como reacción epidérmica a un espectáculo en cartelera. Sirven indirectamente para alzar la voz o el tono del razonamiento de unos cuantos.
El oscilamiento a menudo entre un discurso complaciente y repetitivo sobre un mismo pensamiento expresado de distintas maneras y un discurso en el cual el crítico se erige juez y muestra su opinión como un espectáculo, poniéndola en escena, justificándola a veces en un proceso un poco apurado. Simplemente crea un auto desprestigio.
La causa de este tipo de críticos se debe a la falta evidente de referencias. Además, por lo regular trabajan para medios de difusión que le imponen su formato, elección, y contenido. Por ello para sobrevivir se adapta insisto al razonamiento de unos cuantos.
Por otro lado ahora dentro del proceso de pensamiento y con las suficientes nociones ya no debe estar latente la mítica pregunta de los críticos de antaño, “¿qué es el arte?”Ahora debe razonar de manera amplia esas obras que salen del marco de lo conocido, esos enigmas, que son tan propios de los nuevos artistas, ahora el reto es no agotar el sentido. Abrir las puertas a esta nueva corriente que ya no solo se topa con puertas ahora también con el muro de la incredulidad.
El sentido debe surgir, buscar el significado más allá de su primer e inmediato sentido, ver desde varias perspectivas, nombrar las formas para que se les pueda “reconocer”. En otras palabras, el crítico puede y debe ser creador al igual que la del artista. Ponerse a su nivel para entenderlo. Los mejores críticos son aquellos que ejercen un pensamiento personal, que son creadores, investigadores, ensayistas.
La incompetencia artística del crítico, lo convierte en el espectador básico al que supuestamente se dirige. Y solo se deja llevar por opiniones emotivas (le gustó o no le gustó). El crítico acaba siendo el espectáculo, feliz por la ocasión que le brinda la obra artística para ponerse en escena a sí mismo. Su popularidad no la debe a su talento sino al medio que lo proyecta a la luz cada vez que toma la palabra para hablar de una obra.
Al evitar los dos peligros que le acechan –dogmatismo e impresionismo- puede aspirar a sujetar la causa entre la forma y el efecto producido, entre la sensación, la emoción. El crítico, ahora siento debe ser más que un valuador, un promotor, por supuesto siempre analítico y que su trabajo ayude a destinar el trabajo del artista, donde en verdad debe estar.
Supongo de esta forma se logra un equilibrio, ya que se respeta su originalidad de reflexión y é critico respeta el trabajo del artista.
Para mi al hacer critica me gustaría más esforzarme por dejar ver la obra, llevarla al circulo de calidad que le corresponde y a través de mis palabras evitar los ataques directos (e indirectos) que solo buscan ocultar dañar y por consiguiente fracturar por completo la labor de un determinado artista.
Aunque también, estoy consiente de que hay muchos seudo creadores, pero con el tiempo y el hecho de ser siempre valuados como inferiores debe repercutir en dos formas 1) Que se les considere necios o 2) Comenzar una preparación adecuada para perfeccionar sus creaciones.
Pero existe un problema que no puedo dejar de tratar a pesar que este post ya esta kilométrico (lo siento u_u).
La crítica es poder. El crítico disfruta, por tiempos restringidos o ilimitados de una posición de autoridad de la que al parecer abusa en ocasiones. En efecto, si la crítica es intolerable para el artista (sobre todo cuando es negativa), ello se debe a que forma parte de un juego de poder cuyas fuerzas suelen ser desiguales.
En el binomio artista-critico no debe haber esas batallas de poder, que muchas veces superan a los mismos participantes. Debería complementarse.
Solamente los artistas consagrados de cualquier disciplina pueden domínarla con todo el peso de su arte. Pueden ignorarla olímpicamente sin que eso afecte su creación o su talento. Pero ese no es el caso de la mayoría de los artistas, mucho menos de los jóvenes. La crítica y el crítico tienen una incidencia importante en el criterio del público, el financiamiento y las becas. Muchos críticos pueden disfrutar del reconocimiento del medio pero a la hora de calificar u opinar sobre determinado artista y no es objetivo, se vuelve en la causa del atraso muchas veces del desarrollo de los no consagrados.
La crítica centra su atención a los jóvenes o a los artistas poco conocidos por la opinión pública. En estos últimos casos la responsabilidad del crítico es enorme, pero pocas veces se piensa en esto.
El critico tiene por diversas causas un gran movimiento en cuanto a la difusión de su trabajo, incluso llega a varios cientos de miles de personas por medio de diarios, televisión, radio. Cosa que muchas veces supera a la difusión del propio espectáculo u obra.
Otro punto ¿qué tiempo ha invertido el crítico para hacer una crítica? Apenas unas horas, mientras que el artista ha trabajado durante meses, incluso años. Es cierto que el “tiempo no guarda relación con la calidad”, pero es evidente que esta diferencia plantea un problema de ética.
Por otra parte, cuando la crítica no se concibe de forma creativa, como se los comente anteriormente, se convierte en un ejercicio superficial de digestión rápida de la obra artística. Y ahí comienza el proceso de mentira y desinformación al público. Que a fin de cuentas es el destinatario. Por supuesto los medios de comunicación y difusión muchas veces tratan al arte como mero bien de consumo, los medios meten en la misma bolsa los acontecimientos culturales como los sociológicos o políticos, para transformarlo en “espectáculo”. La función crítica ha cedido mucho y muchas veces se vuelve espectáculo en sí. Ya no se valorizan las obras, sino al propio crítico, quien a menudo se sirve de ese terreno para ponerse en escena a sí mismo. La propia obra de arte se pierde tras su valor como acontecimiento.
Otro punto el crítico goza de cierta impunidad, con independencia de la índole (o la violencia) que muchas veces deberían ser contrastadas con el derecho de réplica del que está privado el artista.
Pero déjenme aclarar algo, si el notable impacto que la crítica puede tener sobre el arte, en realidad en estos tiempos ya no tiene no tiene gran alcance en la evolución del arte y con mayor razón sobre la sociedad. Su grado de incidencia es ya se esta volviendo limitada. En nuestro tiempo el arte de la crítica está amenazado por toda nuestra cultura de masas, que la rechaza. Está amenazado por la era de los medios de difusión en la medida en que sólo tiene un impacto menor ante lo que esos medios pueden transmitir. La promoción en los diarios o por las entrevistas concedidas por los artistas para anunciar y explicar sus actividades. Reduce por mucho el campo de acción del crítico. Por eso creo hay que buscar ese nuevo sentido a la critica. Encontrar nuevas formas.
Ya la crítica es un punto de referencia, una óptica, ya no se puede manejar el gusto del público, cada vez es más complicado orientarlo, canalizarlo. Aunque también debo ser sincera el mal trabajo de los antiguos críticos hizo que se perdiera el objetivo fundamental: formar el gusto o incluso la opinión, de enseñar a discernir.
¿Qué le queda? Lucie Robert dice “solidaridarse con el medio, con el público, con la sociedad, el critico se vuelve en el “cómplice de la aventura artistica, el socio de la creación”
Pierre Lavoie dice: “Inducir a la formación de la mirada”.
Grisel Riverón dice: (XD) Debe hacer cancha, añadir espacio al arte, crear el área necesaria entre publico y espectador, elaboración y recepción. Ir más alla de me gusta o no me gusta, debe crear impresiones exactas para que las vea claramente el publico. Con todos los pros y contras de la obra. Debe crear vínculos.
Josette Féral dice: “Toda obra artística requiere reflexión, que no es simplemente un bien de consumo inmediato y sin consecuencias, que forma parte de un conjunto social y estético y de una colectividad. La actividad individual del artista se une al colectivo. Vuelve colectivo lo que atañe a lo particular. Aunque es producto de un individuo, se destina a todos. La posición crítica se justifica porque va destinada a la colectividad, quien le otorga al crítico autoridad para que la represente, y este debe informar a la colectividad. Sin esa misión social, la función del crítico sería obscena, intolerable.”
¿Hay crítica justa? Debería.
¿Qué hacer para que ese derecho no se vuelva abuso? Criticar y ponerse en el punto de vista del artista, esto es más duro de aceptar. El artista es el que sufre el procedimiento. Por ahí debería comenzar el crítico.
La critica es un “arte de combate”, según un teórico que no recuerdo como se llama (:s) que debería comenzar a ser un “arte de la solidaridad” con el medio artístico amenazado en nuestras sociedades, un arte que siempre debe dar pruebas de su necesidad. Es también un “arte del diálogo” con la obra, con el artista, con el público. Es lo que permite hacer colectivo lo que atañe a lo particular.
Aunque amenazado, el arte de la crítica es lo que me esta llamando y fuerte. Mi mismo trabajo de difusión creo me esta llevando a ese camino, ya que para promocionar antes tienes que criticar.
Pero en verdad ¿Quiero asumir esa responsabilidad social junto con su función estética? ¿Yo Grisel “visceral” Riverón quiere entrar a ese mundo de subjetividad y explora todo el espectro del saber, que va de la reacción epidérmica frente a los espectáculos hasta análisis más profundo? ¿Quiero hacer ese vinculo de emoción y conocimiento con plena conciencia de que voy a escribe una parte de la historia que ya esta haciendo bocetos del futuro?

Julio Ruelas. "La critica".
Si


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